Foto de Karsten Füllhaas en Unsplash

Si apoyas un régimen que protege los derechos fundamentales, entonces eres liberal

Recientemente, un engaño en redes sociales sobre la supuesta muerte del politólogo Francis Fukuyama, organizado por el bromista italiano Tommaso Debenedetti, conocido por difundir falsos anuncios de defunciones de figuras públicas, abrió el debate sobre el impacto de la desinformación en la democracia liberal y la creciente crisis de confianza en las instituciones y los medios de comunicación. Este incidente llevó al propio Fukuyama a desmentir su muerte, subrayando así cómo las plataformas digitales han permitido la manipulación de información y el debilitamiento de la confianza pública.

Fukuyama, autor de la teoría del fin de la historia, planteó en 1989 que la democracia liberal representaba el punto culminante del desarrollo ideológico de la humanidad y superaría a otras formas de gobierno. Sin embargo, observa que, a pesar del avance material y la prosperidad económica de las sociedades modernas, la cohesión social y el propósito colectivo se han debilitado. Según él, la democratización de la información, especialmente en redes sociales, ha intensificado la propagación de contenidos alineados con prejuicios personales, exacerbando la crisis de confianza.

En el contexto global, durante la última década, han surgido regímenes autoritarios que promueven sus sistemas como alternativas eficaces a la democracia liberal. Rusia y China, por ejemplo, han sostenido que sus modelos de gobierno, al permitir decisiones rápidas y firmes, son superiores a las democracias, donde el debate y la deliberación ralentizan el proceso. Estos regímenes lideran una ola autoritaria que ha revertido avances democráticos en países como Myanmar, Túnez, Hungría y El Salvador. Sin embargo, en el último año, han salido a la luz debilidades fundamentales en estos sistemas aparentemente sólidos.

Estas debilidades pueden agruparse en dos aspectos principales. Primero, la concentración de poder en manos de un solo líder limita la calidad de las decisiones y puede desencadenar consecuencias graves a largo plazo. Segundo, la falta de debate público y de mecanismos de rendición de cuentas en estos regímenes hace que el apoyo popular sea superficial y vulnerable.

Fukuyama advierte que los defensores de la democracia liberal no deben aceptar la idea de que este sistema está en inevitable declive. La historia ha demostrado que el progreso de las instituciones democráticas no es lineal ni garantizado; las democracias han superado crisis como el fascismo y el comunismo en los años 30, o los golpes militares y crisis petroleras en los años 60 y 70. A pesar de estos retrocesos, la democracia liberal ha sobrevivido, ya que los sistemas autoritarios han demostrado ser peores. La preferencia de millones de personas por emigrar cada año a países democráticos evidencia el valor que se le otorga a la libertad y a los sistemas democráticos.

Las fallas de los estados autoritarios han sido particularmente evidentes en Rusia, donde el presidente Vladimir Putin centraliza la toma de decisiones sin contrapesos. Esta falta de equilibrio ha propiciado errores estratégicos significativos, como la invasión a Ucrania. Putin subestimó la identidad nacional ucraniana y la resistencia que enfrentaría, además de ignorar la corrupción y la incompetencia en su propio ejército. La fuga masiva de ciudadanos tras la movilización parcial anunciada en septiembre de 2022 refleja la fragilidad del apoyo interno a su régimen.

China enfrenta desafíos similares bajo el liderazgo de Xi Jinping. Desde que asumió el poder, Xi ha centralizado la autoridad, reemplazando el sistema de liderazgo colectivo instaurado por Deng Xiaoping. Esta concentración de poder ha conducido a decisiones que obstaculizan el crecimiento económico, como la política de cero COVID, que sigue afectando negativamente la economía del país. Además, el modelo de crecimiento basado en la inversión inmobiliaria ha generado una asignación ineficiente de recursos.

Otros estados autoritarios, como Irán y Venezuela, también evidencian grietas en sus sistemas. Las protestas en Irán, tras la muerte de Mahsa Amini, reflejan un descontento profundo en una sociedad progresista liderada por figuras anticuadas. Venezuela, con millones de ciudadanos emigrando en la última década, ilustra las consecuencias de un gobierno autoritario ineficaz.

La supuesta fortaleza de estos regímenes y el declive de la democracia liberal son interpretaciones prematuras. La democracia liberal, debido a su estructura de distribución de poder y al consentimiento de los gobernados, tiene una resiliencia que muchos subestiman. No obstante, en Estados Unidos persiste una amenaza latente: el creciente apoyo a teorías conspirativas que cuestionan la legitimidad electoral. Aunque este grupo de votantes es minoritario, ha ganado influencia y podría afectar futuras elecciones.

Existe una relación entre el éxito de los estados autoritarios y el auge del populismo en democracias. Líderes populistas en Europa y Estados Unidos han manifestado simpatía por Putin, considerándolo un modelo de líder fuerte. A su vez, Putin espera que estos políticos debiliten el respaldo occidental a Ucrania para salvar su operación militar.

Fukuyama concluye que la democracia liberal no se reactivará sin un compromiso activo de la ciudadanía para defenderla. Muchas personas en democracias prósperas y pacíficas han llegado a dar por sentado su sistema, creyendo que sus gobiernos son opresivos por imponer ciertas restricciones. Sin embargo, la invasión rusa a Ucrania ha evidenciado la realidad de una dictadura que busca aplastar una sociedad libre, recordando a las nuevas generaciones el valor de la libertad. En su lucha contra el imperialismo ruso, los ucranianos no solo defienden su libertad, sino también los principios democráticos que debemos estar dispuestos a proteger.

En el contexto estadounidense, Fukuyama expresa preocupación por la superficialidad con la que los votantes se enfocan en temas materiales o de consumo, ignorando el deterioro de las instituciones democráticas. La creciente polarización y la atracción hacia discursos autoritarios reflejan un anhelo de lucha significativa, una necesidad existencial que la democracia liberal, centrada en el bienestar material, podría no estar satisfaciendo plenamente. Este vacío de propósito podría llevar a algunos a considerar el autoritarismo como una alternativa.

Aunque las democracias superen crisis políticas puntuales, el desafío a largo plazo radica en restaurar la confianza y la virtud cívica que las sustentan. Fukuyama argumenta que esta confianza ha sido erosionada por el auge de las redes sociales y la sobreabundancia de información no regulada, lo que plantea una amenaza para la democracia liberal. Aunque no considera que la democracia esté condenada, Fukuyama advierte que serán necesarios grandes esfuerzos para recuperar el sentido de propósito y cohesión que alguna vez unificaron a las sociedades democráticas.

En El fin de la historia, Fukuyama escribió que "los hombres han demostrado ser capaces de soportar las mayores penurias materiales en nombre de ideas que existen únicamente en el ámbito del espíritu". Esta frase refleja la preocupación de que la democracia liberal pueda no ofrecer ideas suficientemente inspiradoras para que las personas luchen por ella. Sin embargo, el problema de la paz y la prosperidad es que hace que la gente dé las cosas por sentadas. A lo largo de la historia, períodos de complacencia han sido interrumpidos por grandes crisis que recuerdan a las sociedades la importancia del orden liberal.

La reelección de Trump en 2016 hizo que algunos intelectuales se preguntaran si un pequeño cambio en los votos de algunos estados habría modificado drásticamente la percepción de los estadounidenses sobre su sistema. Fukuyama concluye que, si Trump ganara nuevamente, el efecto en la percepción democrática sería mucho más profundo. La primera victoria de Trump pudo considerarse un hecho aislado, pero una segunda victoria sería una acusación mucho más seria sobre el electorado y la estabilidad democrática en Estados Unidos.